Capoeira: Cuando el duro pasado se convierte en una lección para el presente

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Cuando llegué a Brasil no sabía mucho, por no decir nada, de la cultura de allí. Entre otras cosas me sorprendió sus múltiples estilos de música, la alegría y amabilidad de sus gentes y los mercadillos con música y capoeira.
De vez en cuando andaba por la calle encontraba una Roda de Capoeira (círculo de personas donde en medio dos jogaban capoeira), sin saber entonces lo que era, me quedaba atónita observando tal espectáculo de arte.

Un día me despertó el interés en practicarla. Me dijeron que a 10 minutos de donde yo trabajaba había un centro donde podría practicarla.
Así que aparecí con mi bicicleta clásica en el CEIP de Humaitá, el colegio público donde se reunía Abadá Capoeira (la asociación de capoeira más grande del mundo) el mestre que impartía aula allí era el mestre Camisa fundador de la asociación. El mestre camisa fue formado por el mestre Bimba.
Me entregaron mi pantalón, donde decía de qué mestre venía y mi cuerda cruda (que señalaba que era principiante).
Empecé los calentamientos junto con todos, unas 30 personas, cada uno tenía un color distinto de cuerda, la mayoría color vino, otras verdes, azules que en aquel momento no sabía lo que quería decir, luego supe que cada color era un nivel y muchos eran profesores o se preparaban para ello.
Después del calentamiento el mestre dijo a uno de los alumnos más avanzados que me enseñara, me apartó un poco del resto del grupo y me enseñó los movimientos más básicos, después me volvieron a juntar, habían ejercicios que se hacían en parejas y cada aula un alumno se encargaba de mi, y otros de otros principiantes. Los entrenamientos estaban muy estructurados, calentamiento, técnica, ejercicios en pareja y roda.

El primer día me dijeron que saliera a la roda, muerta de vergüenza y miedo escénico aquel día me salvé. El segundo día ya no, me dijeron que se tenía que jogar desde el primer día independientemente de mi nivel, era la forma de aprender decían y ahí me lancé, sin tener otra opción, a la lucha – baile a ritmo del berimbau.

Fueron pasando las semanas y meses y fui mejorando una vez al mes hacíamos rodas en la calle, era la manera de decir al mundo que existíamos y hacer que la gente se quisiera sumar.

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El mestre Camisa tocando el Berimbau y yo joganodo capoeira

 

Hice amigos en la capoeira, donde íbamos a tomar algo después del entrenamiento y organizábamos salidas, íbamos a casa de uno en la favela de enfrente del CEIP, a la roda del mercado aquí y de allí y un día programamos una salida al “sitio” (casa en el campo) de nuestro mestre Camisa, un paraíso natural y de la capoeira, todo pensado para beber de la naturaleza e impregnarse de la capoeira.
La vida de mis amigos de la capoeira era muy distinta a la de mis compañeros de trabajo de Humaitá (barrio de clase media alta de Rio) o de mis amigos bohemios del barrio de Gloria y Lapa. Todos eran felices, a su manera y a mi me fascinaba saltar de un mundo a otro tan distintos y tan cercanos a la vez.

La lección más importante que aprendí de la capoeira fue la manera de acoger al nuevo, integrándolo en el grupo, todos entrenaban juntos, jóvenes y mayores, desde los que sabían más a los principiantes, era su método, me explicaban los más mayores, y parte de los valores que querían transmitir con la capoeira.

En cualquier otra disciplina que he practicado, siempre te separan por niveles des del principio, eres nuevo pues con los principiantes y crucemos los dedos para que no me toque hacer el ejercicio con el novato piensan los otros.

En la capoeira aprendí con los mejores de la clase y resultó que eran los mejores del país se iban a festivales y competiciones internacionales.

De vez en cuando aparecía algún foráneo en los entrenamientos con su pantalón y cuerda respectiva y se ponía a jogar, venía gente de todos los lugares del mundo no importaba de donde lo acogían y se ponían todos a practicar aquella actividad, que a pesar de estar tan lejos, tanto les unía.

Al final de la Roda el mestre decía unas palabras de reflexión, el primer día me sorprendió, creí que lo hacía por que había pasado algo, luego se convirtió en mi momento del día donde reflexionaba sobre todo y así, creo que también, lo era para los demás.

Transmitían valores de humanidad, de respeto al prójimo, humildad, a veces hacía referencia alguna noticia que había pasado en el día para reflexionar sobre ello y ayudaba también a transmitir la moraleja con la que el mestre quería llegar a los alumnos aquel día. Poco a poco fui entrando en la comunidad de la capoeira y aprendiendo más sobre su historia.

La capoeira surgió, a principios del siglo XVI, como una forma de resistencia a la opresión, un arte practicada en secreto, una transmisión de cultura y un estímulo espiritual, intento de revolución de los negros esclavos frente al control de la colonia portuguesa en Brasil. La guardia esclavista tenía prohibido a los negros ejercitarse de una forma distinta a cualquier trabajo forzado, pero no se preocuparon en intervenir en sus rituales culturales. Fue así como idearon mezclarlo entre la danza y la música.

La Roda de capoeira fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco el 26 de noviembre de 2014.
Después de la abolición de la esclavitud en 1888, los libertos se trasladaron a las ciudades de Brasil. Con la escasez de empleo, muchos se unieron y formaron bandas criminales. Continuaron practicando Capoeira, que con el tiempo se asoció con actividades criminales. Como resultado, la Capoeira fue prohibida en Brasil en 1890 y el castigo por practicarla era extremo, la policía era despiadada en su intento de erradicar su práctica. Pero la Capoeira se continuó practicando en la clandestinidad.
Las rodas, se reunían en áreas con varias vías de escape y mientras estaban escondidos, un individuo quedaba observando el paso de la policía: cada vez que se acercaban, este individuo tocaba un ritmo con el berimbau, parecido al sonido que hacían los caballos de la guardia, al que llamaban cavalaria (caballería en español). Los capoeiristas adoptaban ‘apelidos’, ‘motes’ o apodos para impedir que la policía descubriera sus verdaderas identidades. Hasta ahora, cuando una persona es bautizada en Capoeira durante la cerimônia do batizado, se le da un ‘apelido’ o ‘mote’.
Mestre Bimba hizo una gran contribución para la preservación de este arte al abrir la primera academia para la enseñanza de Capoeira. Esto representó un gran avance hacia la legalización de esta práctica en Brasil y permitía a la Capoeira ganar popularidad en una época en la que este arte estuvo a punto de extinguirse.
En el 1937 Mestre Bimba fue invitado a actuar con sus alumnos en un evento en el que Getúlio Vargas (el presidente de Brasil en aquella época) estaba presente. Vargas quedó tan impresionado con la disciplina y devoción de los alumnos de Mestre Bimba, que declaró la Capoeira el deporte nacional de Brasil.
Esta época fue un hito del cambio drástico en el modo de instruir en el arte de Capoeira. Anteriormente, Capoeira se transmitía en secreto, normalmente a través de un pariente, como un padre o un tío, o en pequeños grupos donde la gente joven de una comunidad particular recibían consejos de los miembros más antiguos. En esta época, la academia adquirió predominancia en la práctica de este arte.
En la actualidad existen un sin fin de academias alrededor del mundo, las cuales llevan esta arte marcial, no solo como un arte, sino también como una forma de vida, una inspiración. La Capoeira se ha convertido en una forma de integración social, ya que no importa de donde viene la persona que lo practica, no discrimina credo, ni estrato social, no se pretende demostrar la superioridad de alguien con respecto a los demás.
Maestros de diferentes escuelas y estilos participan en seminarios donde discuten la necesidad de hacer esta práctica accesible a las clases más desfavorecidas que no pueden permitirse el coste de una academia.

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