“Gentileza gera gentileza”, del olvido a una marca turística

Gentileza gera gentileza

Algunos reconoceréis u os sonará esta frase plasmada en la fotografía, y seguramente la asociareís con Brasil, o más concretamente con Rio de Janeiro. Los que hayaís estado en Rio de Janeiro la habreís visto en cada esquina, estampada en innumerables objetos de souvenirs de la ciudad, en camisetas, imanes, pins, mochilas…Y es que esta frase, ahora eslogan de la ciudad y de la cultura carioca, tiene su gran historia por detrás, que por poco llegó a caer en el olvido.

José Datrino, más conocido como Profeta gentileza fue una especie de pregador que se tornó conocido sobre los años 80 por sus peculiares inscripciones debajo de un viaducto en la zona portuaria de Río, siempre andaba con una túnica blanca y una barba larga. Su frase más conocida fue ni más ni menos que el actual eslogan de la ciudad, “Gentileza gera Gentileza”, (gentileza genera gentileza).

El profeta gentileza vivió 4 años (durante 1961) en el descampado donde habia sucedido la gran tragedia del Gran Circo Norte-Americano, donde murieron más de 500 personas, mayormente niños, plantó un jardín y un huerto sobre las cenizas de un escenario de tantas alegrias y mucha tristeza. José Datrino consoló voluntariamente, ofreciendo palabras de consuelo a los familiares de las víctimas de la tragedia con sus palabras de bondad, de ahí pasó a llamarse “José Agradecido” o “Profeta Gentileza”.

A partir del 1970 recorría la ciudad, era visto en las calles, plazas, trenes, autobuses haciendo sus plegarias e llevando palabras de amor y bondad y respeto al prójimo y por la naturaleza a todos los que se cruzaban en su camino.

A partir del 1980 escogió 56 pilares del viaducto de la Avenida Brasil y los lleno de inscripciones en verde y amarillo proponiendo su crítica al mundo y su alternativa al malestar de la sociedad.

El profeta Gentileza falleció en 1996. Con el tiempo los murales fueron damnificados, grafiteados, sufrieron vandalismo, y posteriormente fueron cubiertos de pintura gris. La eliminación de las inscripciones fue criticada y posteriormente fue organizado el proyecto Rio com Gentileza con el objetivo de restaurar los murales. En el año 2000 la restauración fue concluida y los murales fueron preservados como patrimonio urbano carioca.

Actualmente los pilares estan protegidos por el Ayuntamiento de la ciudad, gracias a eso no han sido demolidos, bajo la amenaza por el nuevo proyecto del “Porto Maravilla” que pretendía demoler todo el viaducto.

El profeta Gentileza y su filosofía han sido homenajeados en multiples áreas de la cultura carioca, con canciones de la música popular, por ejemplo por Gonzaguinha, por Marisa Montes, por escuela de Samba GRES Acadêmicos do Grande Rio, se han escrito libros, y su personaje ha salido hasta en novelas, todo ello ha llevado a que sea símbolo de la ciudad y de la cultura Brasileña.

Esta gentileza está presente en los habitantes de la ciudad en su vida cotidiana, desde que vivo aquí recuerdo innumerables gestos de amabilidad por parte de los cariocas y resto de brasileños. Por ejemplo la primera vez que subí a un autobús y una persona que estaba sentada, y yo de pie, se ofreció a sujetar en su falda mis bolsas de la compra, la miré extrañada, cuando me sucedió de nuevo, pensé que era mucha casualidad, a partir de ese momento me quedé observando, y vi que era una hábito entre los usuarios de autobús, que no solo es para la comodidad del que está de pie, sino que también facilita el paso en el pasillo del autobús. Una práctica que sería genial que se extendiera!

Otra anécdota que recuerdo, es de cuando vivía en lo alto de Santa Teresa (un barrio que queda en una sierra de Rio). Era un sábado a las 8h de la mañana, llegaba tarde al punto de encuentro donde habia quedado para hacer senderismo, y estaba en la parada de moto-taxi esperando que apareciera alguno para bajarme de la ladera, con una visible muestra de estar atrasada, ahí apareció una mujer que iba a bajar en taxi y me ofreció bajar con ella.

La última que voy a compartir para no aburriros es la más graciosa de todas, no os ha pasado alguna vez sentir que estáis en una película de cómica, de lo surreal que es la escena, pues esta anécdota es una de ellas.

Y es que cuando vivía en São Cristovão, sí, por suerte o por desgracia, he vivido en innumerables barrios de Rio, tomé un taxi un sábado noche para volver a casa. Podríamos decir que São Cristóvão (a pesar de ser el barrio Imperial) no es el típico barrio donde viviría un guiri en Rio de Janeiro, ubicado en la zona norte, con muy pocos servicios…, en fin, cuando el taxista me escuchó mi acentuado acento en mi portugués, me preguntó de dónde era, al descubrir que era de Barcelona, me comentó que su hijo habia vivido en un pueblo cerca de la ciudad condal, pero no recordaba el nombre.

El hijo le había contado tales maravillas que se empeñó en recordar el nombre del municipio, al no recordarlo, llamó al hijo por teléfono y le preguntó, me miró por el retrovisor y con el teléfono aún en el oído me dijo en Calella, y yo: “ah que bien!” ahí de repente me pasó el teléfono y de repente me vi hablando con el hijo del taxista, sin saber que decirle le pregunté, por preguntar: “Calella de Palafrugell o de la Costa?”, “de la Costa”, me respondió, y ahí tuve una amena conversación con el hijo del taxista que me llevaba de vuelta a casa el sábado por la noche. Gentileza gera gentileza!

Y vosotros, ¿habéis notado la gentileza de esta ciudad, o de otras al viajar?”

Profeta Gentileza escribiendo en los pilares del viaducto.
Profeta Gentileza escribiendo en los pilares del viaducto.

2 comentarios sobre ““Gentileza gera gentileza”, del olvido a una marca turística

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  1. Montse, me ha encantado el post. Las anécdotas de la voluntad de los usuarios del bus o metro para llevar las bolsas de otros que van de pie me han hecho recordar los días que pasamos en Río. La primera vez que vi ese gesto pensé que la gente se conocía, se dan la mochila o bolsa con una naturalidad que resultaba muy difícil pensar que esa gente no se conocía en absoluto. Vimos ese gesto varias veces y más tarde nos explicaron que era la práctica habitual, lo raro era no hacerlo. En muchas ocasiones he intentado hacer lo mismo en Barcelona y la gente me mira sorprendida. Muchos aceptan agradecidos y lo hacen rápidamente, pero algunos miran con cierta suspicacia hacia un gesto que desconocen y no tienen claras cuáles son las verdaderas intenciones. De todas formas, yo lo sigo intentando porque creo que pequeños gestos pueden ir cambiando las cosas y hacer la vida más placentera…y es que “Gentileza gera Gentileza”.
    Besos, Gaby

    1. Hola Gaby,
      gracias por tu comentario. Tienes razón, siempre pedimos o esperamos grandes cambios al mundo, pero estos solo vienen cuando nosotros hacemos pequeños gestos en nuestro dia a dia.
      un beso!

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